martes, 23 de noviembre de 2010

Todo tiene su fin...

La masculinidad siempre me rodea produciéndome demasiados desastres, siempre consigo ilusionarme para poder tomar una bocanada de aire y pensar que todo algún día cambiará. Me siento ilusa al vivir en esa triste ilusión que nunca lleva a nada... aquel hombre que por primera vez me preguntó como estaba YO realmente fue efímero y rápido se fugó.

Sigo en mi vida triste y cuando pensaba que nada cambiaría algo se cruzó en mi camino: Él. Tan distinto, tan carismático, tan atento, tan...DIFERENTE podría decir. Esa fue la primera vez que me di cuenta que algo conocido como amor quizás podría existir. Supe que me seguiría haya donde fuera porque aguantó el ver mis medias cayendo y no quiso huir. Él decidió afrontar lo que en mi rodeaba y todas sus desgracias. A pesar de los distintos enfrentamientos con aquella persona que ni mis propios labios pueden nombrar Él decidió seguir a mi lado sin miedo dispuesto a gritar al mundo entero a que ser decadente amaba.

Cuando supe que en mi recorría esa enfermedad triste y apestada quise morir en el instante, no podía creer que ahora que el sol brillaba y mis tacones se volvían más blancos mi vida se hundiera. Siempre supe que nunca tuve suerte, estoy destinada a vagabundear por las calles, tirada en cualquier lugar sin ningún nombre y que a nadie importa. Aquel ángel que a mi vida llegó pronto yo le abandonaría.

Cada día la enfermedad me come aún más, mi piel está más pálida y flácida, mi delgadez extrema provoca miedo en mi misma. Y lo que más me afecta es saber que no podré sentirle dentro de mi sin ninguna barrera, siempre algo nos separará. Tengo miedo de poder arrastrarle a Él a este infierno del que yo jamás podré salir por mucho que lo intente.

Me siento tan sola y tan muerta que necesito volver a tener un último rayo de esperanza y conocer a aquellos seres que un día sin mas decidieron abandonarme sin ningún tipo de reparo, para por lo menos poder llevarme el triste recuerdo de sus caras. Y lo más triste que jamás me pudo ocurrir fue saber que Él forma parte de esas caras que me ahogan al pensar que jamás pensaron en mi y mucho menos en si estaba viva.
Él jamás imaginó, al igual que yo, que esa maldita desgracia, aún mayor que ninguna otra, recayera sobre nosotros. Unidos por una sangre, iguales...sangre que ahora en mi envenenada corre por mis venas y ni siquiera Él podría recibirla si no quisiera morir. Sangre maldita que une, pero una unión que yo jamás quise ni esperé.

Ahora muero por despertar y ver que todo es un sueño, que jamás esto ocurrió y que mi vida sigue, ¡pero a su lado por favor! y que ojala nada nos separara porque algo mucho más fuerte que la muerte no nos deja unirnos. Y sólo puedo decir que me vuelvo a subir en mis tacones como cada noche esperando simplemente caer de ellos y despertar de esta pesadilla que jamás debió ocurrir.

YO SOY VICTORIA aquella que hasta la propia muerte se burla de ella, aquella que es bella pero tiene prohibido amar, aquella de los ojos triste que desea despertar.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Un rayo de esperanza

El día de ayer fue realmente duro, salí a primera hora de la tarde para atender unos compromisos en el centro, era una tarde gris, fría y con un viento que hacía perder el equilibrio. Por eso decidí volverme a casa un poco antes de lo previsto.

Camino de la estación, para coger el tren que me llevase a casa, tuve que pasar por un subterráneo solitario, maloliente y oscuro. Allí estaban dos hombres corpulentos, con vestimentas oscuras como el cielo y con miradas frías como el ambiente; me apresuré para salir cuanto antes de ese apestoso lugar, pero cuando me quise dar cuenta uno de ellos tiró de mi bolso y corrieron hacia el otro lado del túnel. Salí detrás de ellos corriendo hasta que uno de mis tacones se partió subiendo un escalón, sentí una gran impotencia, como si fuera yo misma ese tacón que se partió en dos…

Por la noche fue diferente, posiblemente especial, a pesar de llegar cinco minutos tarde a una de mis citas, conocí a un hombre diferente, especial, me recogió en un coche negro destartalado, bajó para abrirme la puerta y en ese momento me fijé en su dulce mirada… algo me decía que el día iba a dar un giro.

Me llevó a un hostal a las afueras, y para mi sorpresa lo primero que me dijo fue que cómo estaba, ese hombre se interesaba por mí y no pude evitar sincerarme con él, hablamos durante mucho tiempo y se nos hizo bastante tarde pero finalmente nos acostamos. Cuando amaneció miré hacia la mesilla esperando el sobre con dinero que todos me dejan, pero la mesilla estaba vacía… me dí la vuelta y sorprendida observé que él seguía allí, mirándome con ternura…

Esto me hizo ver un atisbo de esperanza en mi vida, se había despertado en mí una nueva ilusión, algo que hacía tiempo que no sentía y mucho menos por un hombre…

martes, 2 de noviembre de 2010

Mi trabajo... mi vida

Cada día que pasa me doy cuenta de que no vivo bajo el sol sino bajo las farolas de las calles más decadentes de Madrid. Voy caminado sin rumbo noche tras noche hasta que un desconocido me encuentra y me invita a subir a su coche. No tengo elección, agacho la cabeza y lo acompaño para hacer realidad todas sus fantasías.

A veces me pregunto cómo soy capaz de aguantar tanto, cómo sigo saliendo una noche tras otras a hacer lo mismo, a ejercer una profesión que me asquea y me deteriora física y mentalmente. No hay sustancia que mi cuerpo no conozca, no hay nada que no haya probado para conseguir mantenerme en pie y hacer frente al día a día.

Los tacones ya son una parte más de mi cuerpo y no recuerdo cuándo empezaron a serlo. No sé cuándo mi vida cambió radicalmente sin darme cuenta. A veces pienso en cómo mi madre me ayudaría a salir de esto, pero no es más que una madre imaginaria, un icono inventado por la desesperación y la soledad.

Y cuando la noche acaba y vuelvo a esa habitación alquilada, esa habitación a la ni siquiera puedo llamar hogar, espero encontrarme con un poco de cariño por tu parte pero te encuentro durmiendo la borrachera con la que has llegado hará pocas horas. Sin hacer ruido me meto en la cama y espero que vuelva la noche para volver a esa rutina tan desagradable que es mi vida.

martes, 26 de octubre de 2010

Mi pequeña dosis... TÚ

Por qué nos costara tanto encontrar una razón lógica para muchas de las acciones o comportamientos que nosotros mismos tenemos. Pero sobre todo por qué nos machacamos la cabeza absorbiéndola con ideas y entrelazando circunstancias para entender algo que posiblemente ni siquiera tenga explicación.

Siempre he pensado que las cosas suceden por algo, ya sabéis, algo así como el destino, pero cuando todo sigue igual día tras día solo te queda preguntarte que has hecho para merecerlo. Puede que yo lo buscara, quizá porque preferimos mil veces el camino fácil aunque este siempre suele ser el equivocado y acaba pasándote factura.

No consigo recordar cuando pasé de estar viviendo a estar sobreviviendo, pasan los días y ni siquiera tengo noción de ello simplemente quiero que pasen. Andar. Aunque solo sea eso, toda la noche andando para no volver a ahogarme en esas paredes impregnadas de ese tufo a cuero barato.

Casi tengo borrada la cara de aquella primera vez, solo recuerdo el descampado y su expresión de alegría, el subidón de la primera raya de cocaína. Pero hoy, por fin, el sentimiento de ser utilizada se va desvaneciendo, supongo que lo que más me duele de todo es que nunca me podré volver a enamorar.

Ya perdí esa ilusión de cuando te conocí, cuando todavía era una niña y tus palabras golosas me hacían subir al cielo, te llenabas la boca con historias tan fantásticas que hacías que yo misma sintiera que estaba presenciándolas. Un día, se desvaneció, ni sueños, ni ilusiones y ya ni siquiera eras tú. Todo lo arruinaste, de una bofetada, me arrebataste la inocencia y jugaste conmigo, eres como la pequeña dosis que necesito para seguir con la noche, para pasarla en vela y soportarla lo mejor que pueda, deseo que te alejes, que te marches para siempre, pero al mismo tiempo estas impregnado en mi, tú me hiciste, me creaste y si tú te vas no creo que sepa andar.

Daría tumbos, como tus llegadas a casa a altas horas de la madrugada, whisky y pequeños borrones, y yo como el último juguete que no puedes perder en el póker. No sé cómo te atreviste a meterte tanto en mi piel como para transformar mi vida, y cada golpe duele menos y cada día tengo más lejos la libertad, ni siquiera sé si es por terror o simplemente por tu capacidad de hacerme nula. Ya no soy capaz de creer en mí, ni pienso que pueda lograr algo o salir de aquí.

lunes, 18 de octubre de 2010

Como cada noche...

Un día más en mi frágil vida llena de desesperanzas y tristezas. Como cada noche me encuentro vistiéndome para recibir a mi propia muerte llena de malos vicios y gente horrible que se camufla bajo pieles normales.

Comienzo a estar cansada de encontrarme en este lugar y no quiero volver a salir esta noche recibiendo las calles teñidas de rojo que solo me ofertan malas sensaciones.

Odio ese olor que me transmiten esos pobres hombres débiles que de algún modo se creen fuertes y no se dan cuenta que simplemente me necesitan...odio ese ambiente corrupto lleno de mentiras y dolor que solamente me hunden en mi propia miseria.Pero vivo soñando y sé que algún día cambiará y sino seguiré soñando con ello.

Me encantaría tener un pasado precioso y una infancia llena de sorprendentes historias, pero ni eso tan solo me lo ha concedido la vida, por lo que yo invento mi propio pasado haciéndome creer que algún día de esos en los que ni siquiera podía andar era una niña feliz.

Mis medias negras de rejilla y mis tacones negros me indican que comienza la tristeza de un
a vida y en especial de ese hombre que me tiene aterrorizada. Un hombre que me ama pero me mata, un hombre que me utiliza para su beneficio a pesar de amarme, no entiendo como eso es posible que ocurra en el mundo y no entiendo el porqué...porque siento que me odia y me maltrata y luego llora, me vende sin importarle nada y no puedo escapar de sus garras.

Odio esta presión y me odio a mí por no tener el valor a querer vivir. Ese horrible abrigo que me acompaña cada noche por las tristes calles de Madrid me espera junto a la puerta y el reloj me dice que es la hora de recorrer el pasillo en busca de mi propia desesperación y muerte.

Solo quiero que llegue la hora de volver a ver el primer rayo de luz del alba para poder sentirme mínimamente segura de vuelta a mis paredes.