martes, 26 de octubre de 2010

Mi pequeña dosis... TÚ

Por qué nos costara tanto encontrar una razón lógica para muchas de las acciones o comportamientos que nosotros mismos tenemos. Pero sobre todo por qué nos machacamos la cabeza absorbiéndola con ideas y entrelazando circunstancias para entender algo que posiblemente ni siquiera tenga explicación.

Siempre he pensado que las cosas suceden por algo, ya sabéis, algo así como el destino, pero cuando todo sigue igual día tras día solo te queda preguntarte que has hecho para merecerlo. Puede que yo lo buscara, quizá porque preferimos mil veces el camino fácil aunque este siempre suele ser el equivocado y acaba pasándote factura.

No consigo recordar cuando pasé de estar viviendo a estar sobreviviendo, pasan los días y ni siquiera tengo noción de ello simplemente quiero que pasen. Andar. Aunque solo sea eso, toda la noche andando para no volver a ahogarme en esas paredes impregnadas de ese tufo a cuero barato.

Casi tengo borrada la cara de aquella primera vez, solo recuerdo el descampado y su expresión de alegría, el subidón de la primera raya de cocaína. Pero hoy, por fin, el sentimiento de ser utilizada se va desvaneciendo, supongo que lo que más me duele de todo es que nunca me podré volver a enamorar.

Ya perdí esa ilusión de cuando te conocí, cuando todavía era una niña y tus palabras golosas me hacían subir al cielo, te llenabas la boca con historias tan fantásticas que hacías que yo misma sintiera que estaba presenciándolas. Un día, se desvaneció, ni sueños, ni ilusiones y ya ni siquiera eras tú. Todo lo arruinaste, de una bofetada, me arrebataste la inocencia y jugaste conmigo, eres como la pequeña dosis que necesito para seguir con la noche, para pasarla en vela y soportarla lo mejor que pueda, deseo que te alejes, que te marches para siempre, pero al mismo tiempo estas impregnado en mi, tú me hiciste, me creaste y si tú te vas no creo que sepa andar.

Daría tumbos, como tus llegadas a casa a altas horas de la madrugada, whisky y pequeños borrones, y yo como el último juguete que no puedes perder en el póker. No sé cómo te atreviste a meterte tanto en mi piel como para transformar mi vida, y cada golpe duele menos y cada día tengo más lejos la libertad, ni siquiera sé si es por terror o simplemente por tu capacidad de hacerme nula. Ya no soy capaz de creer en mí, ni pienso que pueda lograr algo o salir de aquí.

lunes, 18 de octubre de 2010

Como cada noche...

Un día más en mi frágil vida llena de desesperanzas y tristezas. Como cada noche me encuentro vistiéndome para recibir a mi propia muerte llena de malos vicios y gente horrible que se camufla bajo pieles normales.

Comienzo a estar cansada de encontrarme en este lugar y no quiero volver a salir esta noche recibiendo las calles teñidas de rojo que solo me ofertan malas sensaciones.

Odio ese olor que me transmiten esos pobres hombres débiles que de algún modo se creen fuertes y no se dan cuenta que simplemente me necesitan...odio ese ambiente corrupto lleno de mentiras y dolor que solamente me hunden en mi propia miseria.Pero vivo soñando y sé que algún día cambiará y sino seguiré soñando con ello.

Me encantaría tener un pasado precioso y una infancia llena de sorprendentes historias, pero ni eso tan solo me lo ha concedido la vida, por lo que yo invento mi propio pasado haciéndome creer que algún día de esos en los que ni siquiera podía andar era una niña feliz.

Mis medias negras de rejilla y mis tacones negros me indican que comienza la tristeza de un
a vida y en especial de ese hombre que me tiene aterrorizada. Un hombre que me ama pero me mata, un hombre que me utiliza para su beneficio a pesar de amarme, no entiendo como eso es posible que ocurra en el mundo y no entiendo el porqué...porque siento que me odia y me maltrata y luego llora, me vende sin importarle nada y no puedo escapar de sus garras.

Odio esta presión y me odio a mí por no tener el valor a querer vivir. Ese horrible abrigo que me acompaña cada noche por las tristes calles de Madrid me espera junto a la puerta y el reloj me dice que es la hora de recorrer el pasillo en busca de mi propia desesperación y muerte.

Solo quiero que llegue la hora de volver a ver el primer rayo de luz del alba para poder sentirme mínimamente segura de vuelta a mis paredes.